La libertad consumista

La libertad consumista

En los últimos tiempos la libertad, ese concepto tan vaporoso y engañoso, ha sufrido una metamorfosis. En mis tiempos de joven, ante la represión política y la mentalidad nacional-católica tan represiva, nos sentiamos bloqueados por esos valores y prejuicios, y el deseo que liberarnos de todo ello lo entendíamos como un acto de libertad, y de liberación. También, en el trabajo, la explotación económica era acompañada por una coerción de la libertad a la hora de reclamar derechos o mejoras, por lo cual los trabajadores sentíamos necesidad de sacudirnos las «cadenas» y liberarnos de esas condiciones laborales y sociales.

En consecuencia, en los años duros del franquismo vivíamos con pasión, pero también con temor (ante la represión policial) el deseo de conquistar espacios de libertad. Al llegar la tan cacareada «transición democrática», legalizando los sindicatos y partidos políticos, el concepto de libertad fue cambiando con esas nuevas realidades. Sin embargo, los trabajadores hemos sentido que, si bien nos beneficiaba el derecho de sindicación, también sentiamos cómo la clase empresarial también buscaba formas de seguir explotando a los trabajadores, a veces con la complicidad de los sindicatos.

La reacción ente esta nueva realidad, en muchos casos, no ha sido la lucha por la defensa de los trabajadores y sus derechos a reivindicar mejoras, sino de competir por la migajas entre los trabajadores, mirar a los «otros» con celo o envidia. Y si se trata de inmigrantes, esa competencia se ha convertido en odio.

En este caldo de cultivo es donde la serpiente (fascista y el neoliberalismo) ha ido poniendo sus huevos y, con un nuevo concepto de libertad, basado en el derecho a consumir y derrochar, sin que nadie pueda poner límites al derroche consumista. Y si, por circunstancias sociales, familiares y económicas, no puedes acceder a ese nivel de consumo y derroches, el nuevo lenguaje te calificarán como fracasado, lo cual significa que concepto como solidaridad, misericordia, ayuda, etc., son coceptos de los «perdedores».